jueves, 7 de enero de 2010

07/01/2010 - Jueves.



Despropósito no es deshacer un propósito. Bien. He comenzado el año comiéndome mal las uvas, riéndome de mí misma, enviándole un telegrama urgente a sus majestades los RR. MM., porque en la postdata de la carta había olvidado pedir la concesión de un deseo, y sin elaborar la típica lista de propósitos loables. Bien. Estoy encantada, me siento mucho más libre que otros años.

Esta mañana, sin ir más lejos, justo en las lindes de mi cuarto, le propiné un puntapié al espejo. Éste muy ofendido, con la típica chulería de los espejos -hijo de madrastra del espejo de Blanca Nieves-, ni corto ni perezoso se dio media vuelta y se largó a la cocina. Cogió mi café y se lo bebió de un trago, encendió un cigarrillo y me lanzó con altivez el humo a la cara y después se subió a la báscula del baño y se puso a reír a carcajadas... No le rompí el azogue por eso de la mala suerte, pero me faltó un pelo fino.

Desde hace unos años convivo con los duendes que va gestando el inconsciente de mi vecino, son bastante bromistas y esta mañana corearon las risas de mi espejo como los niños cantores de Viena o el Orfeón Donostiarra, en fin, que la inconsciencia del inconsciente de mi vecino es como mi conciencia pero en gracioso.

Sé que no es nada fácil de entender, querría, bien lo sabe Dios, que mi vida fuese menos complicada y al alcance de todos y todas, que no hubiese ni una sombra, ni un sólo rincón que no pudiese verse a golpe de vista, que nada quedase oculto a los ojos de los que quieren quererme o a los que pretenden idem o a los que (entiéndase lo mismo para las) me quieren aunque les resulte tan costoso.

Lo siento.

Aún así, si llegase ese dichoso momento y, a pesar del espejo y de los duendes que gesta el inconsciente de mi vecino, te querría con toda mi alma. No es un propósito, es más, la mayoría dirían que es un despropósito.

Amén y así sea, por los siglos de los siglos. Daos fraternalmente la PAZ.



viernes, 1 de enero de 2010

01/01/2010 - Viernes.




“La cabeza de Saúl tenía perros. Normalmente los perros dormían, pero a veces por culpa del silencio los perros no podían dormir y entonces ladraban. No hay uno solo de nosotros que no tenga perros en la cabeza, se disculpaba, perros cobardes, perros valientes como dragones, perros alegres que mueven el rabo ante los desconocidos con la inocencia de los idiotas. Están ahí, por eso vuelan los sombreros y caen rodando por el suelo. Son los perros”. (Trífero, Ray Loriga)



* * *

Y aquí estamos, amamantando un recién nacido cuya cifra cercana al código binario en que nos hablan los PC’s, transmitía en los pupitres de nuestra escuela la impresión de un futuro en traje espacial. La fantasía no resultó del todo cierta, somos nautas, miramos hasta donde llega la vista a los astros y el cosmos nos adjudica la estatura de una partícula. La voz viaja hasta los satélites y regresa a las caracolas apostadas en la orilla más lejana: hola, qué tal, qué alegría oírte... En nuestras casas dependemos ya de una serie de lucecitas piloto, verde, rojo, amarillo, azul, indicándonos el encendido, apagado, stand by..., como semáforos cotidianos, en el equipo de música, el horno, el teléfono, la lavadora, el video..., y si Mafalda naciera ahora estaría mirándose la panza en busca de la lucecita correspondiente... Aún así nos sentimos atrapados por lo que no tiene indicadores luminosos y carece de botoncitos mágicos o controles remotos. El saludo fiel e inocente de nuestros perros, siempre felices de nuestro regreso, aunque volvamos de alguno de nuestros crímenes, cuando desaparece, deja un vacío, una presencia muda, la extrañeza de nuestro espacio solitario, sin otro movimiento que el de nuestros pasos.

PLAY. Anoche bailaron los bordes de la luna con nubes y brillos, después de morder los charcos abandonados por la lluvia. En la mesa hubo cubiertos sin usar y en la bandeja de entrada mensajes sin enviar entre dudas y certezas que no hallaron equilibrio y desistieron del SEND.

PAUSE. Si la zona que corresponda en la selva neuronal nos hubiese evitado la ardua labor de tomar una decisión y la telepatía funcionara, ahora él y ella, o ellos lo sabrían y quizás hasta nosotros mismos/as...

STOP. Era lluvia, "una sola gota de rocío no oxida un columpio", en ese diluvio, como pecio en el fondo del mar, se despidió diciembre y los náufragos, arribando a la isla de enero, confían en el sueño que le han pedido en su carta a sus Majestades los Reyes Magos. Y a pesar de que cada año la petición es sustituida por un caballito de madera o un puzzle de 1000 piezas, confían en que esta vez no haya solamente los carbones, que los perros de Lucifer entregan tras los incendios, junto a las botas de invierno.

PLAY. Un gran acierto del calendario darle entrada al 2010 en viernes, porque son los días en los que se miente con más ternura, a la noche se le pone por sombrero una pamela de verano, se clava la sombrilla en la arena y se contemplan las pacíficas ondulaciones sobre las que se sostienen nuestros barquitos de papel.


miércoles, 30 de diciembre de 2009

30/12/2009 - Miércoles.



"Contra lo obligatorio (y conviene recordar que el placer o la victoria se convierten en parte fundamental de nuestras obligaciones por motivos estrictamente neurológicos), la curiosidad y el interés impreciso nos regalan un suave descanso, una siesta para el espíritu y, en fin, un saludable entretenimiento. De ahí que existan no sólo los peces raros sino libros raros que nos hablan de ellos y de otras muchas rarezas, y de ahí que existan lectores que no pretenden más (ni menos) que ser turistas de la sabiduría, expertos en nada, aprendices despistados, fanáticos de causas aparentemente inútiles, detectives aficionados".(UN CORAZÓN DIFERENTE, Ray Loriga - Babelia)



 * * *

Fiarse de la aptitud que suelen demostrar en ocasiones los dedos, dirigiéndose hacia el lomo entre multitudes de lomos, tacto, vista, el título y el nombre, muchas veces desconocido, del caballero o la dama que cabalgan entre tantos y confían su acento, devoción, emoción y talento a los corazones que se acercan con sus yemas dispuestas a arrebatarles de ese lugar impreciso…

Aquél digo bailando bajo una luna crecida, soy, aunque no sea nada ya y agote las últimas horas de un año que sólo se ha salvado entre líneas, subrayando apenas algunos días de serena gloria, entrecomillando lo poético de un viernes o un miércoles, señalando con papelitos de colores el mes menos solitario en versos…

Aquél digo tomando asiento entre sombras borrosas de un diálogo y respiro la imagen correspondiente, la semana próxima me prometo verla y leerla o leerla y verla antes de que el sabor a derrota se detenga cada mañana en el café…

Aquél digo sabiendo que abriré el misterio en un rincón solitario y saborearé el paisaje jamás visitado y me aferraré al abrazo y beso que siempre deseé…

Aquél digo el menos raro ante mi espejo…











martes, 29 de diciembre de 2009

29/12/2009 - Martes.




"Se sujetan nuestras cosas entre lo impuesto y lo deseado, y no resulta fácil caminar ligero, pues tanto lo que se nos cae sobre las cabezas, el cielo y la ruina, por ejemplo, como lo que nuestras cabezas buscan por encima de los cielos, el placer, la seguridad o la gloria, va construyendo con el tiempo, con el diminuto martillo de los días, una vallita alrededor del jardín. De lo que tenemos en casa ya lo sabemos todo, o al menos sabemos cuánto aprieta y qué poco lugar va quedando para una suposición de inocencia entre las necesidades inmediatas y las agotadoras responsabilidades. Encontrar, además, el jardín cercado, nos va robando el mundo y la felicidad de sus paseos. Para escapar a lo nuestro, nos queda entonces lo otro. En el límite de lo otro no hay más remedio que aceptar la feroz cara de la infidelidad, una idea tentadora que no empieza ni termina en el asunto amoroso, sino que levanta con enorme arrogancia una condena para cada una de nuestras íntimas exigencias, en la zona más dulce encontramos el disfraz, que siempre arrastra un engaño, y a la sombra de lo sensato, nos hemos de conformar con el interés desmedido que despiertan los peces raros entre las almas sensibles". (UN CORAZÓN DIFERENTE, Ray Loriga - 13/12/08 - Babelia)

* * *

Mal interpretar la razón de la lluvia es no saber hasta donde llega su propósito, la metáfora de tantos días arrugados entre metales. Hay quien diría, sin duda alguna, que la pretensión es doblegarnos en la maldición de una cama demasiado ancha, o todo lo contrario, o situarnos estáticamente en el centro justo de un sofá, como si ese eje disimulara los márgenes vacíos. Si le preguntásemos a la hierba, puedo imaginar algo como un suspiro amoroso, el final de la fatiga, el llanto contenido... Presuponer que estos días, en los que la venta de sombreros, impermeables y paraguas aumenta, ocultan la secreta intención de dirigir nuestra mirada hacia libros a medias en nuestras estanterías, libros a la espera..., sería arriesgarnos a introducirnos en el incierto mundo de las fantasías.

Sin embargo, esta falta de celestes en las alturas, añiles de atardecer y destellos nocturnos, me inclina a pensar en páginas ya leídas y siento la necesidad de revolverle el significado a las líneas del pasado, como si me hubiese crecido el alma de pronto y necesitase recuperar viejos amigos, tal vez en la equívoca creencia de que con ellos quepa alguna posibilidad de recuperar lo perdido o lo olvidado en la distracción provocada por el trajín vital y la velocidad de las decisiones inmaduras, esa atractiva improvisación que suele calzar la vida en los primeros años de la juventud. (Juro que mi primera intención era menos extensa, pero llegué hasta aquí sin hallar momento para los puntos seguidos o los puntos y aparte).

Además de la nostalgia, se vende en estos días tan raros la recién salida palabra (que no la palabra SALIDA/ EXIT) de conocidos y desconocidos en la pecera de "almazenes" y locales dispuestos a tal fin.

Prefiero que la próxima palabra LLUVIA se diga circunscrita al lazo y dentro la voz amada.



lunes, 28 de diciembre de 2009

28/12/2009 - Lunes.





“La mosca pega un buen trago de ginebra enmascarada. Caramba, Jerusalem, se dice, ¿no es la bebida mejor cuánto más se bebe? Lo que antes parecía áspero se ha vuelto de pronto suave como besar un guante de seda. Caramba, se dice después de otro sorbo, ¿no es el doctor Trífero más alto que hace apenas un segundo? ¿No se está estirando algo mientras algo se encoge? ¿No están todas las cosas tomando mi medida?” (Trífero, Ray Loriga)


* * *

Era especial, holandesa. Tiré de la anilla y pensé que tal vez así sería cómo se activan esos artilugios en las guerras. Después miré en el interior de la lata, comprobé que a pesar de su supuesto origen no había un tulipán dentro. Y estuvo bien de sabor, al compás de viejos y eternos rockeros. La sala en la fiesta, el baile y los motoristas vestidos con sus trajes de cuero aparcados en el sofá.

Si hay un cuento de noche de invierno interior o noche interior de invierno, el duende lo narró a partes proporcionales de los claros de luna y las nubes cargadas, en distintos libros y con distintas manos y caligrafías.

De pronto, a mis pies la madre abnegada de Samsa intenta poner a mi insecto boca abajo. ¡Qué alivio! La forma de agitar sus patitas empezaba a ponerme nerviosa y bailar alrededor de un hijo metamorfoseado me pareció irreverente. Tengo un ligero recuerdo de sardinas corriendo por un monte, pensé en aquel monte del olvido donde estarían clavadas las cruces y un cruce de caminos que dio en una explanada.

A pesar de todo los árboles volvieron a encenderse y a derramar sus hojas sobre veredas y carrocerías de coches parados junto al borde del poema que ya no se escribe solo. Soltaban sus tintes en la falda de la tarde y robaban la sombra de la voz en un anuncio extravagante de paquetes con lazos brillantes, como si fuera tan sencillo imitar el destello extinguido que recorre el firmamento.

Al subir hasta la cima, detengo el aliento en los satélites y envío la coordenada precisa del beso que había extraviado. Y si mañana, al final del túnel, no hallo fragmentado el vidrio y veo el abrazo de todas las expectativas, caminaré otra vez como si jamás hubiese caído.


 
 
 
 
 
 
 

domingo, 27 de diciembre de 2009

27/12/2009 - Domingo.




El mismo sitio puede ser un sitio distinto.
El mismo vestido un vestido diferente.
El mismo día, otro día.
El mismo recuerdo otro recuerdo.

Una ventana abierta,
cerrada un rato después
dice que casi no respira.
Aire envejeciendo al elevar la copa del brindis
y una noche sonriente pegada al cristal oscuro.
Ventana discutiendo y alguna vez mintiendo sol.

No sé qué digo si no sueño bien. Ven.
Muéstrame el limpio sueño
que había en la alcancía de aquel tiempo,
llave libre.

Siempre te ha querido
la que va
vida a vida
nombrándote
desde entonces.










sábado, 26 de diciembre de 2009

26/12/2009 - Sábado.



“... Nadie podía quitarle el derecho a pensar que a veces Dios se equivoca al repartir sus favores y si no sería mejor que Dios se dedicara a amontonar las virtudes en lugar de diseminarlas. La excelencia y no el equilibrio debería ser la meta. ¿No vale más un héroe que dos o tres o un millón de hombres vulgares? Pero en fin, el asunto tenía ya mal arreglo. A Ullrich le había tocado el pene más grande, y a Andreas, todo lo demás. No era mal reparto”. (El hombre que inventó Manhattan, Ray Loriga)


* * *

La crisis a veces me pone la piel de plástico, sobre todo en los pies. Por otra parte, llueve bastante y no viene mal ser, hasta cierto punto, impermeable. Lo peor de todo es que surgen goteras, con tanta lluvia es algo previsible. Juntar tres paraguas no ha servido de mucho, son mudos e incapaces de invocar a los dioses encargados de reparar vías de agua. ¿Se me estarán inundando los pies?

En caso de sol abrasador tener piel de plástico no es conveniente. Así decido, por si se diera la ocasión, en una de esas medianoches raras, mezclar en la vasija de los pactos angelicales diversas sustancias que, aplicadas en las dosis adecuadas y a las horas de los feitizos, vayan transformando el derivado del petróleo en una epidermis de poros abiertos. Quizá la próxima primavera me encuentre bajo una sombrilla, intentando entender los desequilibrios virtuales de eso que se llama Bolsa, con sus índices y sus puntos, que no suelen ser suspensivos sino puntos de suspense. Y suspendidos mis sentimientos entre variables incomprensibles, como si fuesen jeroglíficos dibujados en la gruta de una isla desconocida, tal vez descubra que regreso a la piel de la vida.

Vale. Mientras todo esto sucede moldeo nubes de menta, las volutas de entonces, y esos anillos de compromisos fantásticos, emulando a los peces de colores del acuario. También, a la hora en que solemos citar a los huracanes, hago acopio de brazaletes suficientes y con su sonido amenizo el ensayo puntual de los abrazos que ésos vientos deben a la suave brisa, como si dirigiera un tráfico aéreo excesivo. Hay instantes en estas ceremonias en que se cruzan extravagantes aves de un edénico paisaje.

O no digo nada. Escucho la cara B de discos guardados en los desvanes de la memoria. O disparo con silenciador en el aire turbio de una noche de resortes imprudentes e insolentes. Aunque si callo a la sombra que acostumbra a arañar las paredes del sueño, escribiendo consignas altivas, puedo, suavemente, deslizar algo parecido a una sucesión de frases besando la huella serena del anhelo.

Si recorro la línea del corazón y veo a esos bichitos apenas perceptibles, danzando palma extendida y comprendo cierta indecisión en el movimiento que no equilibra la intención de bofetón o caricia, pienso en los castillos de arena que arrastraron las olas en la orilla de la decepción. Y todos los bichitos casi invisibles desfilan por la paralela de la vida con su corazón de lupa y un verso cada uno.

Y ahora, a esta arriesgada hora de la noche interior, voy a colocar a la entrada esa pequeña alfombra que casi siempre decía WELCOME.

 
 

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