sábado, 5 de junio de 2010


¿Recuerdas cuando entreteníamos los verbos en símiles de astros y sembrábamos plenilunios sobre los interminables espacios que imponía la distancia?





Te busqué en todos los remites, en los extraños “asuntos” y en los confusos mensajes de plegarias e imágenes. Soñé la epidermis de tu espacio en éste tan lejano a tus costumbres, como si te hubieras convertido a la lengua primitiva de mis besos de papel.




 

jueves, 3 de junio de 2010

Extraño (de extrañar).


Aquel día el diario decía:

No sé donde he dejado los poemas. Creo que los guardé con las facturas de la luz. Desde que te has ido pienso tanto en ti, que nunca recuerdo donde he puesto las cosas. Esta tarde me encontré tu libro en el horno, crudo, tal como lo dejaste, con el marcapáginas en el capítulo cinco. No hay bromas que valgan. No sé lo que leo o leo lo que no está escrito, así que fuera rimas graciosas. La televisión no me distrae y los escaparates conspiran con un precio que no estoy dispuesta a pagar. Además, te llevaste la tarjeta de crédito.

Tienes tantas zapatillas deportivas. Esta mañana las coloqué desde la puerta de entrada a lo largo del pasillo, parece que estás llegando. También tomé mi café y el tuyo, puse dos tazas sin darme cuenta.


Y ahora es de noche, otra más, y otra muesca en la pastilla de jabón, como si su espuma tuviese alguna propiedad capaz de disparar fuera tanta ausencia.
 
 
 

martes, 1 de junio de 2010

Brindis.



Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas de mis
ojos, esta pequeña historia de amor que se cierra como un
abanico que abierto mostraba a la bella alucinada: la más
desnuda del bosque en el silencio musical de los abrazos.

(NAUFRAGIO INCONCLUSO, Alejandra Pizarnik)


Sobre la copa colmada, dibuja la bombilla desangelada, una estrella de noche victoriosa. Las derrotas huyen de los renglones del alma y precipitan su angustia fuera del papel. Alcanzado el principio del puente, que embargará la claridad del día con su simulacro de velos y danzas aladas, dedico un rincón amable a los trofeos. Brindo. Bailo el líquido amable en su cuenca de mirada fervorosa. Te miro. Y, como si esta apuesta virtual con el imaginario, fuese lo único que puedo hacer en medio de la inmensidad oceánica de las dudas, propongo tu nombre a los dioses.

Ya desnuda, retornar a los carnavales del esquivo anonimato, sería absurdo. Así pues, podrás ponerte mi nombre de sombrero, cuando el sol te alquile un lugar incómodo, sin buena sombra a la que arrimarse.
 
 




domingo, 30 de mayo de 2010

With or without you.





Carver se sienta a su lado. Sabe que ha leído casi todos sus cuentos y la contempla indecisa, revisando un catálogo de libros... Ve que la ventana está abierta, algunas nubes dibujadas sobre celeste. Ella dice a veces “un cielo tipo Magritte”, mirando distraída.

Por la mañana, bastante temprano, la acompañó hasta un café y le habló de “Neighbors”, mientras ella miraba las marcas tatuadas sobre la mesa de mármol, como si pudiese interpretarlas o adivinar lo sucedido en los instantes en que se grabaron. Sabe que está pensando en otra cosa y ni siquiera ha reparado en esas marcas. Él le habla de todos modos de ese cuento, al fin y al cabo, es un intruso convocado por azar, un fantasma.

Ella toma el café, sin más, no hace nada por disimular ese aire melancólico.

Cuando salen a la calle, ella se detiene un momento delante de la puerta y Carver aprovecha para besarla en la frente. Caminan despacio y él le sigue hablando, ahora de su convivencia con ella. Le cuenta cómo le convocó con un sueño extraño, cuando releía uno de sus libros y cómo precisamente ese cuento le había convertido en su huésped. Le dice que a la mañana siguiente, cuando ella salió hacia su trabajo, él se sentó en su sofá y, sin intención alguna, encontró debajo de un cojín el diario. Se disculpa por la intromisión, por invadir de ese modo su intimidad, aunque sabe que los actos de los fantasmas no tienen ninguna consecuencia en el mundo de los vivos. Aparentemente no la tienen. Ella le mira un momento, sabe que no le ve, y sin embargo...

Le jura que pensaba marcharse al día siguiente, es lo que suele hacerse en estos casos, pero no pudo, porque ella esa noche tuvo otro sueño, no con él sino con otro hombre. También había sentido curiosidad por seguir leyendo su diario, qué daño puede hacer un fantasma leyendo las confesiones de una desconocida.

Ella para un taxi, Carver se sienta al lado del conductor y sigue contándole por qué se había quedado. El conductor la observa por el espejo retrovisor y le pregunta si le molesta que lleve la ventanilla abierta. Ella le dice que no. El conductor menciona el buen tiempo que está haciendo, Carver se remueve en su asiento con impaciencia, le molestaría bastante que ella le siguiese la conversación, quiere seguir hablándole de su estancia y de ese hombre con el que sueña abrazos. Ella le dice al conductor que sí, que la temperatura es agradable, que para estar en mitad del otoño no hace frío. En la radio comentan algo sobre un incendio y el conductor dice algo acerca de la responsabilidad de las autoridades. Carver gira en su asiento y le dice al conductor que si continúa le dará un puñetazo. No recuerda si era violento en su vida anterior, al parecer como fantasma y en esa circunstancia se altera un poco. Ella mira hacia donde está sentado Carver como si le hubiese oído y él le explica que no pasaría nada, el puñetazo de un fantasma no lo siente ningún vivo, ni los demás fantasmas tampoco. Para tranquilidad de Carver, ella no hace comentario alguno y el conductor desiste.

Cuando iba a reanudar su confesión el conductor dice que ya han llegado. Están delante de la puerta de un edificio extraño. Carver sigue los pasos de ella cuando se bajan y entran en el edificio. Es un hospital. Se dirigen al ascensor y suben hasta la tercera planta. Caminan por un pasillo casi hasta el final y ella abre una puerta con el número 323. Sólo hay una cama y junto a la cama una mujer de pelo blanco. Se saludan cariñosamente. En la cama yace un hombre inconsciente, conectado a varios aparatos. Las dos mujeres cruzan unas palabras y ella le dice a la mujer mayor que se quedará un par de horas, que puede irse tranquila a comer algo.

Carver comienza a sentirse incómodo, ella le habla al hombre que está inconsciente, le dice que lo extraña, que ha vuelto a leer aquel cuento del que hablaron la última vez, antes del accidente... Sigue hablándole y las lágrimas resbalan por sus mejillas. Entonces Carver lee, en un papel sobre la mesa que hay junto a la cama, el nombre del paciente, el nombre que ha visto en varios libros de la estantería de la casa de ella. Y entonces, apenado y cabizbajo, decide salir de la habitación, del hospital.

En la planta baja ve a la mujer mayor hablando con un médico y se acerca. Cuando llega a su altura, escucha: “si sigue estable, hay bastantes posibiliades de que despierte del coma, no puedo decirle más de momento..."

Esa noche, cuando ella está dormida, Carver se sienta en el borde de la cama, con uno de los libros del hombre inconsciente entre las manos y le lee. Unas horas más tarde, regresa al hospital y visita al hombre que yace en coma. La mujer de pelo blanco duerme en un pequeño sofá. Carver toma la mano del hombre y le habla. Le cuenta lo que ha leído en su libro, lo que ella ha escrito en su diario sobre él, todo lo que ha hecho en esos días desde que llegó a su casa y le habla de “Neighbors” y de los sueños de ella. Habla sin parar durante un tiempo sin medida y ve el sueño de él y el sueño de ella, como una memoria premonitoria.

Antes de salir de la habitación, ve que el hombre abre los ojos, mira hacia la mujer que duerme en el sofá y vuelve a cerrarlos.

Ya en la calle camina hacia una confluencia luminosa, comienza a amanecer...









sábado, 29 de mayo de 2010

Imagina XVI


¿Qué nombre era Carol? Greg no comprende y lo que le ha explicado el Dr.Walter Pickup, no resuelve sus dudas con respecto al nombre que, sin saber el motivo, ha ocultado a Pickup. La mujer de ese sueño tan extraño y tan real flota en sus pensamientos y se posa sobre su piel. Deja la copa sobre la mesa y enciende un cigarrillo, mientras con el mando a distancia vuelve a poner “Georgia in my mind”.

Ninguna Carol en su agenda. Ninguna Carol en su vida, salvo aquella maestra de primaria que desbordaba la silla al sentarse tras el escritorio.

Según Pickup esos accesos de imágenes en la vigilia no tienen importancia alguna y son algo normal tras las pruebas. Sin embargo él no había sentido nada hasta que tuvo ese sueño y esa mujer desconocida alteró su realidad.



En la pantalla, el salón de Dunia se oscurece. Apagó las luces y encendió la pequeña lámpara de sal. Se acerca a la ventana y permanece largo rato contemplando intermitentemente el cielo y la calle. Walter activa el zoom pero la baja intensidad de la luz distorsiona el enfoque. Ahora se arrepiente de no haber instalado más cámaras y micrófonos. Lo haría la próxima vez, piensa.

 
 
 

jueves, 27 de mayo de 2010

Imagina XV




 
GATTACA, 1997 (Andrew Niccol)



Esta es una hermosa película de ciencia ficción donde afortunadamente el guión cuenta más que los efectos especiales, algo que no es muy común últimamente. Sin quitarle importancia a las películas que sí llevan efectos.

Da gusto de vez en cuando encontrarse películas como ésta donde toda la atmósfera se consigue por medio de un guión de hierro (que describe una sociedad a camino entre la nuestra propia y la de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley), los personajes (desde luego la historia de amor es muy buena sin caer en edulcorantes innecesarios) y unos decorados fríos y funcionales que bien se merecían la nominación al Oscar que recibieron.

La película además conlleva temas importantes que se están empezando a desarrollar ahora mismo, llamándolo a este proceso como una vida de "tecnología extrema", en donde no se considera el esfuerzo humano, sus esperanzas, sus deseos, su fuerza interna, su espíritu. Es una sociedad en donde sólo se considera una cosa, las muestras y los números que allí aparecen. (http://www.monografias.com)

“For someone who was never meant for this world, I must confess I'm suddenly having a hard time leaving it. Of course, they say every atom in our bodies was once part of a star. Maybe I'm not leaving... maybe I'm going home”.(Vicent Freeman, protagonista)

“There's no gene for fate”.



Domingo (18h)- Dunia abre los ojos y sonríe mirando al techo. Dos lágrimas se desprenden de sus ojos y se enredan, tibias, en el cabello. Extiende el brazo hacia la mesilla de noche y coge su móvil. Al encenderlo, saltan varias llamadas perdidas, todas de Walter.

Se levanta y va hasta el salón, sube la persiana y contempla el cielo entretejido de nubes, disponiéndose a anochecer entre añiles y carmines. Después pone música.

-Walter, soy yo, acabo de despertarme, lo siento.

Walter finge una preocupación y enfado equilibrados y no se altera cuando Dunia se excusa, diciéndole que necesita estar sola. En ese instante, Walter, pone en funcionamiento las cámaras, ve a Dunia sentada en su sofá.

Se despiden cariñosamente y acuerdan cenar juntos al día siguiente.

“Carol, Carol…” Greg toma un sorbo de vino y alza la copa como si brindara al aire. La voz de Ray Charles cantando Georgia, choca contra las paredes de la pequeña sala. Algo semejante al deseo viene con el nombre pronunciado y sumerge a Greg en la incertidumbre.





miércoles, 26 de mayo de 2010

Hello life!!





"[to Audrey] If I die, I'm sorry for all the bad things I did to you. [to Katie] And if I live, I'm sorry for all the bad things I'm gonna do to you". (ALL THAT JAZZ, Bob Fosse, 1979)

Señales. Las señales son contradictorias y algo pesimistas, sin embargo sonríe. En realidad ya no importa, sin salidas posibles del laberinto la preocupación cede y la mente se distiende. Aceptación. No, resignación no. Luchó. Luchó en vano y perdió. Uno sólo comparece ante la derrota.

Que los signos se dispongan de forma aleatoria sobre una hipotética rosa de los vientos medio loca, convierte la cuestión en irresoluble. Sobre el tejado todavía aguanta el paso del tiempo una veleta, ya no gira con el pulso del viento y no por eso el viento deja de soplar.

Así, el amor no precisa del otro para existir y la vida no necesita a ninguno de nosotros para continuar.

No sé, quizá el cambio en el título me enferma de "anonadamiento" sublime y, sin rubor alguno, me cambio el "rara" por un excéntrica como de extrarradio. Qué más da que no signifique nada.

Volviendo a lo anterior, siguiendo la no línea del discurso, el amor puede existir sin ser correspondido, pero necesita del otro para consumarse y, llegado el caso, también para consumirse.

En cambio la belleza, puede habitar por su cuenta y riesgo en cualquiera de las opciones anteriores, a pesar del dolor o la tristeza. Sólo hay que saber mirar, tal como lo hacen los grandes creadores, enseñándonos un punto de vista diferente: la vida de verdad, su belleza, aprendida a través de la ficción.

Hello life!! Hello love!!

(apenas más allá van mis conocimientos de inglés)
 
 


 
 
 
 

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