jueves, 8 de julio de 2010

DIARIO XII


"Y él, que se tenía por un hombre inteligene, había caído como un bobo en el mundo de Alicia (la de Carroll), y ahora que detestaba el mundo de Alicia, y quería salir de él, no podía.


[...]

Y, si bien es cierto que esos dos pasos que le alejaban del alegre agregado cultural le acercaban a Mónica (de pronto el siniestro no era el agregado sino él), también hay que reconocer que no le acercaban lo suficiente, nunca lo suficiente ni mucho menos. Nunca tan cerca como un joven suizo bailón y dispuesto". (YA SÓLO HABLA DE AMOR, Ray Loriga)

* * *

Pudor. Letra estertor de “streapper”. Tanto tiempo vacilado, pendiendo del hilo de la lluvia que amaga y después... Tejado ardiente: fervores, furias, fe, funambulismo, flaqueza, fusión, fetiche, “farol”, filamento, festín, festones, foulard, fiebre, foso, ficha, fanatismo, “fresco”, fonética, “fonostone”, football, fobias, favores, frenos, frenopático, falta, “fantasma”, fiar, “frena-doll”, “fiu-fiu”, forma, faz, falacia, foto, ferrocarril, farragoso, felino, flauta, fragancia, follón (sin comillas)... Y que nadie me asome a MR. FREUD a esta ventana discreta. El rubor me da en la diana, con acierto y desconcierto; luna otra vez clareando las penumbras de las azoteas.

Postergando esta costumbre de posar oraciones, convertir el folio (otra efe) en altar y redimir la deuda conmigo, he ido deshilachando el diario en puntos suspensivos. Sin embargo, sin olvidar los acontecimientos a la espera, “hoy es para mí”, ordené a la tinta y, así, con un apunte, un esbozo, un ejercicio de pulso, de equilibrio o desequilibrio (siempre a gusto del consumidor) en la palabra, sucumbo a la tentación de izarme bandera blanca y ondear en el espacio que me obsequio. Porque decir, ahora, literalmente, sin los aspavientos, elipsis, metáforas y demás artilugios que velan desvelando, no sería posible tras un silencio amenizado con susurros y préstamos a fondo perdido.

Abordar la hora, el oportuno momento, el instante ficticio, realmente imaginado, implora el requisito introductorio. Amalgama de ingredientes reales: fantasía, voz templada en el rincón silente, el cimiento real del que emerge el instante, una pizca de arrogancia, dos cucharadas de valor y la necesaria exclusión de un objetivo útil o práctico. Que el reproche simulado y clandestino, ese “bicho” que censura con su lógica aplastante, pierda fuerza y parcialidad, en la medida en que también esconde su cobardía.

(Hace meses que abandoné la máscara y con ello asumí el riesgo y ciertos condicionantes que adquiere el nombre propio, por más que éste sea el más anónimo de los nombres.)

La reja abre de cuando en cuando sus barrotes de auténtico hierro, con óxidos del tiempo –nunca hubo jaulas de oro- y deja salir bocanadas de aliento, duramente cosechado en la intemperie solitaria.

A determinadas horas del día, con la frecuencia de un anuncio de prometedora crema anti-edad, vienen los recuerdos, que jamás hallan edad concreta para instalar sus “aparecidos” entre la escoba y el libro, o la videoconsola y la rave...

No descarté del todo el abrazo, eso es cierto, aunque tampoco pude descartar del todo el temor. Y eso que apilé tanta palabra “amorosa” en el castillo de naipes, que nadie hubiese previsto mi involuntaria adscripción a la desmemoria del lugar en el que están situados los ases. Tal vez, la extensión de una construcción, cuyo material esencial es el sentimiento debiera ser más breve, o figurar en los planos con sus coordenadas y su rosa de los vientos correspondientes, a resguardo de huracanes y tornados.

Aún así, algunas noches plenas de plenilunio metódico, dentro de la anarquía en su forma de presentarse, sin fecha fija, veo latir un horizonte de luces. Y quiero creer a pesar de la distorsión que impone la distancia, que el pronóstico de sus matices coronados de ópticos haces, es un pronóstico halagüeño. Sólo algunas de estas noches, logran todavía una excepción majestuosa frente a tanta regla o norma mal aplicada. Sin embargo, sé, por encima del afán con que me capturan estos imaginarios hechos, que las columnas que los sustentan son de férrea realidad.

El apasionante vocablo que se ha dormido entre las páginas de tantos libros y tantas imágenes de películas, ese animal mutante en racional e irracional bajo el yugo de las emociones, tiende al exhibicionismo descarado, al protagonismo, suele mostrarse egocéntrico y llamar la atención dentro de cualquier historia e incluso de la Historia. ¿Podría, yo, desarmada, salvarme de sus caprichos y excluirlo o desterrarlo de la confusión de párrafos que engarzo? ¿Podrías, tú, aunque la duración del término (sin “acritú” ni segundas intenciones) se limitase a la “conquista” y su materialización ecuestre, tú, prócer de lo romántico?


Puesto que este desliz de tinta, este secreto con “tintes” colegiales y caligráficos, no tienen más objeto que aplicarme en el discurso escrito, envolver el verbo entre palabras de regalo y transformarlas en presente, sería tarea inútil la interpretación del mismo. Y aún así, un resquemor casi imperceptible me impide declarar su total inocencia.

Me quito lo único que, metafóricamente hablando, me queda puesto: el sombrero; y me dejo por pudor elipsis y espirales..., de lo cual debería deducirse que las alusiones o ilusiones de la letra son o pueden ser reversibles, como algunas gabardinas o como esos fantasmas que sirven a las mujeres en la construcción de sus marionetas.

Finalmente (otra f), mirando hacia atrás, hasta ese punto aplazado, donde abandoné la continuidad del diario, no logro dejar de sentir la impresión de evasiva actitud, tu nombre me situó aquí de nuevo y la inclinación que siento, unida al compromiso, de centrarme en acabar el cuento de Alberto.

(Tejado alunado: frágil, filarmónica, fleco, falda, flaco, feliz, faneca, fundar, filántropo, Foucault, fuerza, fatídico, frondoso, foca, following (que no es lo mismo que fall low in), “fetuchini”, falsario, feroz, firme, fantástico, “fouciño”, fantoche, flamante, fortaleza, felpa, fieltro, frazada, “farruco”, fondear, faro,... ¿fin?

P:D.: Evidentemente no, esto puede prolongarse eternamente y hasta es posible, en lo escrito, una resurrección necesaria, admito, que sustente la continuidad. Kisses.

domingo, 4 de julio de 2010

DIARIO X - XI


08:30h- Hace días que no escribo. De alguna manera he adquirido un compromiso en el hábito de redactar este diario. Los cuadernos se van apilando y, aunque jamás me compararía con ANAÏS NIN, quizá acabe acumulando tantos cuadernos como ella. Cuando no escribo siento que al día le ha faltado algo y no es, desde luego, porque los días de los últimos seis meses no hayan estado colmados de hechos significativos.

La atmósfera tensa que hemos respirado durante este tiempo, tiende a relajarse. Las mejorías van apareciendo paulatinamente, con cierta irregularidad pero sumando. Sólo es necesario que poco a poco vayan asentándose.



La casa está vacía, rodeada de murmullos que vienen del exterior. Raúl ha salido a pasear a Ron, que movía el rabo vertiginosamente cuando comprendió que su dueño se disponía a retomar la responsabilidad perdida. Alberto, que llegó anoche, salió a comprar el periódico y a tomar café.

Mi hijo ha dejado de ser un niño en casi todos los aspectos. Lo miro, le descubro y me siento orgullosa del hombre en el que se está convirtiendo.

Por la noche, cuando ya se había acostado, después de habernos contado, a su tío y a mí, sus aventuras y desventuras en Ibiza –la chica que lo “flipaba”, dejó de “fliparlo” dos días después-, me llamó y por un momento volví a recordar su niñez.

-Ven, mamá, siéntate a mi lado un momento.

Sonreía. Esperaba alguna de sus bromas.

-Cuéntame un cuento.

-¿Un cuento? Te estás burlando, ¿no?

-Ni un poquito. Lo digo en serio, muy en serio. Quiero saber si todavía eres capaz de dormirme con un cuento.

-Me temo que no sabría contarte el adecuado a tu edad. Tal vez si me das alguna pista...

-No, no hay pistas. Te las tienes que arreglar tú solita.

-Qué difícil me lo estás poniendo.

-Venga, mamá, prueba con cualquier historia.

-Está bien. Había una vez un chico de tu edad que quería rodar un “corto”. Un cortometraje basado en una versión, escrita por él mismo, sobre el cuento de BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANITOS.

Alberto abrió mucho los ojos y soltó una risita.

-Si te ríes no te lo cuento.

-Sigue, sigue, ya has conseguido despertar mi curiosidad.

-Ves como no es el cuento adecuado, se trata de que te duermas, no de lo contrario.

-...

-Vale, sigo. El chico que era de “moral invencible”, comenzó por visitar las productoras de un listado, elaborado con datos de internet. Era absolutamente profano en el medio y no conocía suficiente gente como para intentarlo por sí mismo. Además y sobre todo, no tenía dinero, ni poco ni mucho.

En la mayoría le propusieron, con la fórmula de rigor, que dejara una copia del guión, pero el chico era terco como una mula y estaba empeñado en tener una entrevista personal con el productor o productora.

Infatigable, cada mañana salía de su casa con el guión en la cartera y visitaba varias productoras. El listado se había reducido considerablemente, a pesar de lo cual no se mostraba desalentado.

Una mañana, despertó con fiebre y, al levantarse de la cama, se dio cuenta de que sus condiciones físicas le imponían una limitación que su entusiasmo no había logrado hasta ese momento. Decidió, entonces, llamar por teléfono a la productora correspondiente, según el plan estricto establecido en su lista. Curiosamente, le respondieron con amabilidad, sólo le hicieron esperar unos minutos, escuchando ALELUYA de Leonard Cohen, y cuando la chica que había atendido la llamada sustituyó a Leonard Cohen, fue para preguntarle si podía pasarse esa misma tarde a las 17h. Al muchacho le descendió la fiebre de la alegría y por supuesto contestó que sí, que iría encantado. Él no lo sabía, pero la insistencia y constancia de su recorrido había sembrado un reguero de rumores y bromas. Era el chico de BLANCA NIEVES.

-Alberto me miraba divertido y no parecía tener sueño.

-Cariño, es muy tarde y el cuento es un poco largo. ¿Qué te parece si continuamos mañana?



-Pues me joroba.

-Estoy un poco cansada y tú también debes de estarlo.

-Bueno, vale.

-Que descanses.

Me dirigí hacia la puerta y cuando estaba a punto de salir volvió a llamarme.

-¿No querrás, ahora, que te traiga un vaso de agua como cuando eras pequeño?

-No, graciosa. Quería decirte que no has perdido del todo la capacidad de “cuentear”, la verdad es que me dejas con la espina, con la raspa. Eres la leche, mamá.




08:00h- Cala bobos. Orvallo. Chirimiri. Llovizna. Tules húmedos: danza transparente, envolviendo a la ciudad en delicados papeles grises. El abultado vientre del sol ocultando pudoroso su ombligo y la cocina en fraganacias de café.

Ron ya sabe que los “chicos” dormirán hasta media mañana y observa mis movimientos analizando hasta qué punto podrá contar conmigo para sus urgencias. Me tomo el café y vamos, le digo. Y él gira y se retira tranquilo, como si hubiese entendido. Me deja a solas en este rato de intimidad, hábito y recogimiento. Admiro el respeto del que hacen gala los perros.

Tío y sobrino, llevan dos días haciendo una moderada vida nocturna. Y Ron ya aprendió el cambio que esto supone. Esa misma circunstancia ha detenido el cuento, aunque no el interés o curiosidad de mi hijo, quien me sugirió la posibillidad de que lo escribiera y así leerlo sin interrupciones. La idea me sedujo, entre otras razones, por escapar un poco del comprometido “a diario”. Este cuaderno y yo somos como una pareja que nunca, o casi nunca, se separa y corremos el riesgo de aburrirnos una del otro o viceversa.

Le escribiré, pues, el cuento a mi niño.

Te lo conté y te hizo gracia. Porque tus llamadas han adquirido una frecuencia de cercanía. Y me pediste, si no me importaba, que te enviara una copia por correo electrónico. Y me hiciste otra propuesta.


(Cadena exhibidora de Santa Fantasía, la devoción que nos/me redime de delitos menores e íntimos. Oración que alberga tanto presente y a la vez tanto pasado, en la dislocada sintaxis que ya es futuro. Cadena leve que ata y a un tiempo libera, sanando alas rotas. La estirpe voladora del verbo, conjugado en el silencio herido de una ausencia que no se define y asiste, sin embargo, a la construcción de la frase que nos ha unido vocablo a vocablo entre dientes. Murmullo de uno con sus acepciones, entre la última luz del deseo, acotado el espacio que sobra desde los puntos suspensivos, y el alba. Con su bagaje de letra inmersa en el sueño dilatado y enredado al pie de página en blanco firmado beso en la misiva, siente caricia escrita en tinta y color del interior de la noche, que gime, suspira, exhala adjetivos e imperativos símiles de ruegos, hasta el punto y aparte del aliento exhausto. Y el gesto relatado cincunscribe dos nombres alejados mediante prepotente potencia de preposición. Los desmadeja y los une en la amalgama de lo escrito, otros, dos, susurrados a la piel de cada uno y el oído de la letra conmovida les reclama en su historia: uno más uno. Sinfín de re/queridos a la almohada que los sumerge siempre oníricos y punto seguido.)





 
 

viernes, 2 de julio de 2010

Sin diario II


"La niña Krumper me ha dicho, antes de irse a bailar, que hace mucho tiempo, cuando era aún más joven, antes incluso de la gran guerra, la orden que más le gustaba oír en los viejos buques era:

'Visitantes, abandonen el barco'.

Sólo después de esa orden comienza el viaje".
(TOKIO YA NO NOS QUIERE, Ray Loriga)



* * *

Y la idea del viaje da vueltas sobre la alfombra de la sala.

Amanda toma el cuaderno, que no es su diario, y traza garabatos, extraños mapas en los que engarza los pensamientos. Cuando no escribe en su diario, también escribe, el principio sin fin de un cuento. Esa voluntad de encadenar palabras, como si intentara amarrar el barco que navega a la deriva, debería servile para algo más que una relación de días más o menos disfrazados de intención poética en medio del caos que le afecta, que les afecta, piensa. Oye el profundo sonido de la respiración de su hermano.

Quizás un viaje a un lugar lejano le vendría bien a cualquier persona herida, el bálsamo de lo desconocido y diferente, desmontando, al menos por un tiempo, la rigurosa estructura de la rutina ineludible.

Los dibujos abstractos comienzan a apoyarse en palabras inconexas, columnas donde reposar las vértebras buscando nexos y sentido: los sentidos.



 
 


jueves, 1 de julio de 2010

Sin diario.


“...porque me estoy quedando sin respuestas para tantas preguntas siniestras y porque tengo la sensación de que con la punta de los pies, estoy pisándome el talón de mis propias botas.


Finalmente me quedo dormido a su lado, aunque ella por supuesto lleva ya varias horas soñando con dios sabe qué otras cosas igualmente peligrosas”. (TOKIO YA NO NOS QUIERE, Ray Loriga)

* * *

Raúl está tumbado en el sofá de la sala y Amanda sentada en el sillón que está enfrente. Raúl le habla en un murmullo con lo ojos cerrados, divaga. Amanda ya no recuerda exactamente cómo comenzó la conversación, sólo atiende a las señales vitales en las frases de su hermano. Cuando el sopor ralentiza más aún las palabras de Raúl, le oye decir algo sobre un viaje, lejos, muy lejos... Y menciona algunos lugares casi indescifrables, porque el sueño se lleva las coordenadas y apenas deja sílabas sueltas. Le pareció que el último sitio apagado en los labios de su hermano era Japón.






miércoles, 30 de junio de 2010

DIARIO IX


11:12h- No puedo creer que esté tomando el primer café de la mañana, en esta media mañana de carnaval soñado.

(Gorjeo. Haces de luz tenue en las rendijas de la persiana. Este dormitorio remolonea entre incomprensibles trinos –cómo pueden las aves obviar tanto cemento- y la furiosa huida de una moto apagando los demás sonidos. Nebulosa arrastra mirada hacia el reloj, que ha traicionado a los impetuosos amaneceres de estridencias nerviosas. Y aquel mordisco sonrisa que le faltaba a la Luna, en el caldero tibio de la noche, transgredió mi máscara de dama preocupada. Fueron algodones, instantes de paz regalados y una ferviente claudicación a la cercana y desconocida piel en la sombra. Que a la oscuridad, luego, la saliva del sol la convidó a un calor renovado. De la mano del interior de la noche, llegaron los labios de la distancia y el inexplicable vértigo, vértice que exclama una conjunción enigma venciendo cualquier pronóstico. Es así, supongo, como la derrota vira a victoria y se vence en un sueño. Y te beso.)

14:14h- Diario, ya sé, ¿cuántos días sin escribir (t)?







DIARIO VI - VII - VIII


05:00h- Otra vez. Un hipotético gallo carcome con su arrogancia las entrañas del sueño. Está tan oscuro, me siento ridícula en este trasnoche matutino. Ron vino a ver qué sucede, me ve poner la cafetera en el fuego, gira sobre sí mismo y se va con claras intenciones de seguir durmiendo.


La otra noche, Raúl llegó tarde y me encontró dormida en el sofá. Estaba más animado, había disfrutado de la película y si bien no relacionó nada de la misma con su pérdida, tampoco dio muestras de querer extenderse en la conversación.

Ayer, al mediodía, mi hijo Alberto me llamó cuatro veces seguidas. En realidad no tenía nada especial que contarme. Está bien, se divierte con sus amigos, van todos los días a la playa, juega al fútbol, pasea, lee, “lo típico, mamá”. Me lanzó el interrogatorio pertinente sobre el estado de su tío y sobre mi ánimo. Las cuatro llamadas se debieron únicamente a otras llamadas que entraban y tenía que atender porque esperaba una en concreto. Conoció a una chica que lo tiene “flipado”.

No quiero hacer ruido, es una hora incómoda para estar despierta. Tengo la impresión de estar atada a la silla.

De pronto llega el recuerdo de tu llamada. También ayer. Estás aquí por motivos laborales y quieres invitarme a cenar. Llamaste por la mañana, en el intermedio de una reunión. Te has enterado, a través de mi prima Mada, de que estoy aquí y de que mi hermano Raúl está enfermo. Mada ha sido discreta.

Sí, Raúl enfermó de pérdida, carencia y vacío ante la inevitable ruptura. La verdad es que pudo haber sido más grave.

No sé por qué, cuando nos encontramos, sentí que te convertirías en la excusa adecuada para accionar la válvula de escape y dejar salir algo de presión. Así fue. Después de la cena, en la que resumimos nuestras respectivas cotidianidades desde que no nos veíamos, y de eso hacía ya bastante, te conté la situación real de mi hermano.

La borrachera del madrugón embota un poco mis sentidos. Sigo pensando en la sorpresa de tu llamada.


Algo me distrae de la escritura. Un pedacito de cristal de lo soñado –no suelo recordar mis sueños-: tú estás en la parte trasera de un coche, has llegado a algún lugar y te dispones a bajar. Ningún sedimento más.

06:30h- Saldré a caminar un rato o acabaré con dolor de espalda de nuevo.

06:35h- Oigo pasos en el pasillo. Quizá algún fantasma habite como huésped o tal vez, misteriosamente, Raúl se haya levantado.

(La tiza de espuma estará bordando ondas en la arena. Humedad y olvido, borrando huellas sobre el mullido lecho de la playa.)



07:00H- Me permito una sensación etérea y un tanto altiva, como de madre adoptiva de un mundo de duendes desconocidos. Un pequeño oasis en la continua alerta establecida por la confluencia de los diversos conflictos. En gran parte se debe a que el fantasma del pasillo, tomó la forma de Raúl cuando entró en la cocina.

-¿Te desperté?

-No. ¿Qué pensabas hacer?

-Iba a calzarme las deportivas y salir a caminar un rato.

-Si me das unos minutos, me tomo un café y te acompaño. Eso sí, tienes que prometerme que no recorreremos toda la ciudad ni intentaremos batir ningún record de velocidad.

Se lo prometí todo, por supuesto, y disimulé las lágrimas a punto de despeñarse de emoción.

23:00h- Raúl duerme plácidamente y Ron ha logrado un rincón a su lado.

(Las mismas hojas de los mismos árboles aleteando nuevos verdes, recogiendo reflejos más esperanzados. Se perfila un horizonte en torno a la voz que me sostiene, tu voz. Tuve que vivir –vivirte- secuela intensa. Guardo por ello un puñado de palabras, cuyo deseoso contenido esboza el abrazo.)


08:01h- EL PASEO CON RAÚL

Al principio caminamos en silencio, a buen ritmo aunque bastante más lento que el acostumbrado en mis paseos solitarios. Rumbo a la playa, la circulación iba aumentando el cauce y los perfiles de la ciudad aclaraban sus formas. Cuando avistamos el mar entre líneas rectas –marco arquitectónico no siempre estiloso-, Raúl me miró y dijo: “Soñé con la prima Mada”.

Durante esta convalecencia de mi hermano, apenas habíamos podido apartar nuestras conversaciones de la catástrofe sentimental que lo acuciaba, a excepción del relato de algún sueño que había dejado una huella indeleble en su pensamiento. Esto, a mí, lo confieso, me causaba un efecto desconcertante, ya que debido a un incómodo acúfeno que padecía desde hacía tres años, jamás recordaba mis sueños vilmente ahogados por el intenso sonido que invadía mi cerebro.

Ya al borde de la playa, la luz del sol emergente lavaba las fachadas de los edificios, dotándoles de una aparente inocencia.

Como Raúl se quedó callado, fui yo quien le preguntó qué había soñado.

“Mada venía a buscarme, esperaba en su coche y me decía: ‘Venga, Raúl, sube o llegaremos tarde’. No sé a dónde íbamos, ella estaba muy contenta. Después, por el camino, discurríamos por una carretera entre árboles frondosos, me decía: ‘Raúl, encontré tu llave’. ‘¿Qué llave?’, le preguntaba yo, ‘no he perdido ninguna llave’. ‘Sí’, decía ella, ‘una llave antigua, oxidada, pero bonita. La llave de la puerta que tienes que cerrar’. Luego oí su voz susurrándome que me despertara: ‘Despierta, despierta, despierta...’ Y aquí estoy, paseando contigo”.


Mada había llamado a Raúl la noche anterior. No habló conmigo, tenía prisa, la estaban esperando. A través de él me hizo llegar su intención de escribirme en breve un correo electrónico.

Hacía una hora aproximadamente que caminábamos sin que mi hermano diese muestras de sentir cansancio. Al cabo de ese tiempo, y algo ensimismado, me propuso que tomáramos algo. Entramos en un bar y pedimos dos aguas minerales, que consumimos sentados en sendos taburetes de la barra.

-Estoy mejor, hermana, hoy, por primera vez, me siento mucho mejor. Gracias por estar a mi lado.

-No sabes cuánto me alegra oírte decir esto.

De regreso a casa, percibiendo a Raúl más receptivo, me atreví a contarle mi encuentro con Jorge. Más que el hecho de poder compartir con alguien las anécdotas que iban conformando mi cotidianidad –tengo amigos con quienes lo hago-, lo que realmente me reconfortaba era volver a ver en mi hermano signos, todavía mínimos, de una vuelta a la, digamos, normalidad. Me escuchó, no indagó, pero escuchó y eso no lo hacía desde que Silvia se había marchado y mucho menos desde que salió del hospital.



21:00h- Ron está tumbado a los pies de Raúl, supongo que intenta recuperar la atención de su verdadero amo, renunciando ocasionalmente a la tutoría que ejerzo y al rito de vigilar mi escritura. Volvió alegre de su paseo, se besuqueo con cuanta perrita, e incluso perrito, nos encontramos. Al entrar, corrió hacia Raúl, que lo recibió con los mimos y carantoñas desterradas en este tiempo de enfermedad y ausencia. Otro signo vital.

23:00h- Llamó Alberto, vuelve de Ibiza, quiere pasar unos días con su tío. Llegó el correo de Mada, nuestra primita pitonisa. Y tú, tú también has llamado.


Fumo. Todas las luces apagadas. Sólo la claridad prestada de los edificios de enfrente.

(Voluta de esperma triste, elucubración lenta que se eleva e inserta en la interpretación del aire la cadencia del discurso interno. Noche –y noches tantas- en el exilio epidérmico: imaginación activa de inevitables proposiciones.)






lunes, 28 de junio de 2010

Palabras abiertas.






Lo sé, prometí llamarte. No sabía dónde estaba. Recordé vagamente una cita con alguien. Creo que no fui. Y después, cuando las nubes despejaron ese cielo de tormenta exasperante, supe que no había cumplido con lo acordado. No te enojes. Nunca quise ofenderte. Son esas malditas pastillas, borran hasta los límites de la ciudad si se lo proponen, la ubicación de los objetos, el orden de los números.

Soñé contigo, eso es todo.

(Memo-rizando, 22/10/09)


No es lo mismo arrepentirse que repetirse. Como en esos espejos enfrentados, la imagen viaja hasta el infinito y el grito busca un hueco saludable donde situarse. Un espacio libre de la memoria culpable, algo como una alambrada abriéndose con palabras sanadoras, un bienaventurado hechizo, que alivie la realidad de su peso y teja una nueva tela en la que envolverse.

Dar pasos sobre el camino ya andado, borrando las diminutas esperanzas del nuevo principio, son pasos que desgastan inútilmente el almanaque de los sueños.

Cada noche puede rescatarse de la resaca del día un vocablo bendito, un pez exótico, un término que prometa, no el fin del sentimiento, sino el final de aquello que lo destruye con tanta facilidad.

¿Son esos demonios quizás las dudas, o haber trazado la silueta de una fantasía que no logra materializarse?

En la cornisa distraída de la madrugada, ese pasadizo sobre el cual cualquier desequilibrio resulta peligroso, la voz desmaya la forzada vigilia y vacía la vida como si volcara el silencio de golpe sobre la frente.

Todavía el miedo. Todavía todo como piezas dislocadas rogando una reconstrucción redentora. Y el sentimiento crece con eco deudor, la mirada retorna una y otra vez sobre un horizonte que no se sabe si se ha perdido definitivamente.

La palabra se abre y la ventana cerrada sitúa su simbología en un pasado extinguido.
 
 
 








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