miércoles, 5 de junio de 2024

LA NIÑA TRANSPARENTE



Caminaba cuesta abajo por la empinada calle, el sol caía en diagonal sobre mi cabeza. Iba por la acera soleada, por la otra una madre con sus dos hijas detrás, jugando y dando saltitos. La madre, cada cierto tiempo, miraba hacia atrás y les decía que fueran más deprisa.

La acera por la que bajaban se terminó, pues sólo llegaba hasta la iglesia y su plazoleta. Cruzaron hacia la acera por la que caminaba yo abstraída en mis pensamientos: las minúsculas botellitas verdes del aceite que me gusta y compraría en el supermercado, los cuadernos de una diseñadora a la que admiro y que hace años usaba para tomar notas, apuntes, ideas, versos...

La madre y las niñas me adelantaron. Una de ellas, con su mochila a la espalda, me pareció translúcida y me arrancó del ensimismamiento.

La miré y observé intentando descubrir el efecto óptico que me había causado la impresión de transparencia. La niña llevaba puesto un conjunto de mallas cortas y camiseta haciendo juego. Las prendas eran de color carne con pequeños dibujos que, desde la distancia y sin gafas, no distinguía. Pero el efecto era de transparencia.

Recordé que una escritora a la que admiro, había hecho un "manifiesto" en contra del color carne en su blog. Estoy de acuerdo con ella, me dije. Y adelanté a la niña transparente para cruzar la avenida.





miércoles, 29 de mayo de 2024

EXTRAÑEZA


La casa no era ésta ni la otra,

era tránsito entre todas

y la extrañeza de sus hábitos,

cuando el borde de los sueños afilados

se diluía.

Sentía la esfera y sus manecillas

en el centro del pecho

con una melodía y el llanto.

Escapaba del intervalo mortecino de la lámpara,

persiguiendo sus propios dedos

sobre el plano de los días,

con su discurso vespertino

y el temor de que la voz se astillara,

pronunciando la magia del gracias,

que consolaba

cuando el rincón de la ventana se abría

a la pausa.

Llegaría la apenada sombra del miedo,

cada día venía con aspavientos y veneno

a imitar un sollozo reprimido dentro del puño

y la paz

ganada en los múltiples desvelos.


Era la casa de los antiguos duendes

y la ceremonia del valor,

para seguir la orilla de un mar atrapándola

en la mudez de la medianoche.

Así, desarmada,

despertaba y buscaba

bajo la almohada el as que había soñado.





martes, 21 de mayo de 2024

GANAR AL MOSAICO

 

Beso, aire, manos, ruido, golpe,

todo, parte...

Mido las teselas de ese cuaderno,

que me guarda desde tantos años atrás.

Impresiones transfiguradas de los recorridos

al acecho por los rincones:

mis pies acalorados,

refrescados en la fuente de la plaza.

Veranos derramando mercurio,

poniéndome un sombrero.

Una mujer camina

y abre surcos en los desfiladeros de brillo solar

y reza

bajo una sombra

que memoriza y salva del miedo.

No sé si su legado pertenece

a las palomas refugiadas

entre los árboles.

Magníficos colores en el sueño

de una mañana o una tarde

en la que sintió el triunfo

y tuvo palabras soberbia

después de éxito.

Estaba segura de ganar

al mosaico eterno

en mis maletas y mochilas.

Mis huellas fueron otras

sin el horario que ella menciona

desde su tribuna triunfante:

admirable en la letra pero no en el corazón.





miércoles, 15 de mayo de 2024

CARÁCTER DIFÍCIL

 

Siempre había tenido un carácter difícil, tosco... También era de pocas palabras. Esa forma de ser no le había proporcionado muchos amigos y desde que falleció su mujer su soledad se había acrecentado. Su único hijo había dejado el pueblo cuando era muy joven y durante esos años se habían comunicado escasamente. Se vieron una vez al año en las fiestas navideñas, en el pueblo, él se había negado a abandonar su casa para visitar a su hijo, y a la mujer de éste, en la ciudad.

El hijo le dio la noticia por teléfono y él sin demasiado entusiasmo le había dado la enhorabuena. Sin embargo, cuando colgó el auricular, no sintió nada especial, todo seguía siendo igual para él. Tal vez notó más vacía que de costumbre la casa.

Los días y los meses pasaban con su rutina silente, hasta que por fin el hijo volvió a llamar. Le dijo que todo había ido bien, que en un mes aproximadamente irían a visitarlo. Sintió algo parecido a la ilusión y salió a la finca a recoger unos tomates.

El día de la visita llegó sin que él advirtiera ningún cambio. Ese día, después de mucho tiempo, se miró curioso en el espejo, tratando de reconocerse.

El claxon le anunció que la familia estaba allí. Salió a recibirlos.

Su hijo se acercó a él con la hija entre sus brazos, para que la tomara en su regazo y él la tomó.

Aquel ser diminuto abrió los ojos, él pensó que lo miraba con mejor intención que el espejo. Un escalofrío le recorrió las vértebras al sentir la cálida temperatura de la niña.

Miró a su hijo mientras le resbalabandos lágrimas tibias por las mejillas. Soy abuelo, dijo.




lunes, 13 de mayo de 2024

PLAGA

 


No exagero al decirlo: el techo del salón se había convertido en un encuentro festivo de mariposas marrones. Se habló de una plaga proveniente de África. En el balcón sucumbían las plantas devoradas por esas maestras del aleteo.

En aquella época, mi gatita Freud tenía aproximadamente cuatro meses, lo cual, ante mi asombro, no le impedía trepar a los muebles más altos en un inútil intento de cazar alguna. Su pose de cazadora felina al acecho nos hacía mucha gracia y no perdíamos ni uno solo de sus movimientos.

Las mariposas tarde o temprano volaban, con el supuesto propósito de abandonar la casa, puesto que su apetito voraz ya había sido satisfecho. Ese vuelo atolondrado por alcanzar el exterior le daba una oportunidad a la gatita y sus primeros pasos en el arte de cazar insectos. Con sus patitas las alcanzaba y de un golpe las tiraba contra el suelo, donde agonizaban.

Las pocas mariposas que quedaban enganchadas al techo, poco a poco abandonaban el territorio del animal felino y nos dejaban en paz.

Freud era un victorioso repelente contra insectos.




viernes, 26 de abril de 2024

LATIDOS

 

Eran los últimos meses y hacía mucho calor. Andar era algo dificultoso, aún así salía a caminar orgullosa de mi desfigura. Ya sé que la palabra no existe pero a ella no le importa, lo primero que hará, pasado un tiempo, será inventarse palabras. Mantengo una conversación silenciosa con ella mientras caminamos por el parque. Respirar el aire colmado del aroma de los eucaliptos nos reanima. Sus movimientos son enérgicos, ha crecido tanto que los veo: mi vestido se mueve y cambia de forma. Ahora me suenan las tripas y sonrío pensando en cómo oirá ella ese sonido. Iremos a merendar algo y luego continuaremos el paseo hacia casa. Mañana tengo consulta médica. Desde que está ella me preocupo un poco cada vez que acudo. Tomamos un par de rosquillas y un café con leche. Ya han dejado de croar mis tripas, ella se mantiene a la escucha, pero no le diré nada hasta volvamos a la calle, en el bar hay bastante gente y no me oiría bien. Además, pueden pensar que estoy un poco loca.

Son las ocho y ella ya está despierta, lo he sentido en el estómago, una mano o un pie. La consulta es a las diez.

En la sala de espera no hay nadie y ella está algo inquieta. Nos viene a buscar la enfermera y entramos en el consultorio. Hay luces intermitentes en los aparatos. Me parece que la mayoría son azules, mi color favorito. El médico me saluda y me pide que me tumbe sobre la camilla junto a las luces. Mi vestido sube hacia arriba y su forma queda descubierta. El médico sonríe y me pone una especie de estetoscopio sobre el vientre, activa una palanquita diminuta y las luces azules parpadean rápido acompañadas por un sonido parecido al de un tambor. Entonces nos tranquilizamos, el ritmo veloz de las luces marcan los latidos de su corazón. Mi hija está en buena forma y el mes próximo nacerá.




domingo, 7 de abril de 2024

CITA CON EL PRESENTE



Las páginas del cuaderno repletas de sonidos

que perforan el discurso

de un sol oculto

que ruge y va instalando

en el horizonte su circular perfil.

Nado contra la corriente

de los sillones tranquilos

y va serenándose todo alrededor.

Apenas quedan recuerdos

de las letras que, encendidas,

pronunciaban tu nombre.

Ahora la calma, envejeciendo,

se atreve a imitar una parodia

de amores eternos.

Quién que diga

los eslóganes íntimos

de los abrazos tan perdidos

en las cumbres nevadas

y en las playas

sedientas de bajamar.

Yo cuidando la vida que me rodea

en tanto el horror se aleja de los minutos más desiertos

y de voz más sonora.

La luna aparece

cuando los cuerpos ya laten

en los bordes de las canciones

y se desdicen desde la piel del tiempo.

Qué simulacro

en las visiones vespertinas

del juego vital con una baraja marcada

sobre la mesa de los tahúres.


No hay ganadores ni perdedores

en la cita con el presente.





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